Es complicado hablar de la vida de un ser humano, cada persona tiene su historia, su propia personalidad la cual ha sido forjada como escultura de hierro (a golpe y cincel). La película Wit entremezcla los sentimientos del hombre, la necesidad de compañía, de apoyo en los momentos más difíciles y del refrán de que uno siembra lo que cosecha. Pero sin embargo también nos muestra que hasta en los temperamentos más acérrimos el ser humano necesita el calor y compañía de otros.
Así mismo podemos señalar que cada quien es dueño de su propio destino y cada quien según su historia trata a los demás como ha sido tratado o incluso como ha sido enseñado. Pero dentro de todo esto el ser humano tiene la potestad inherente del raciocinio, tiene capacidad pensante y sentimientos que le permiten elegir entre seguir la conducta que le fue impuesta o enseñada o bien elegir otra si le parece más justa.
A la larga cuando emprendamos el camino de regreso no nos llevaremos nada más que los recuerdos de nuestras acciones, de nuestras vivencias… Y si bien la espera a ese camino de retorno se torna lenta y dolorosa, contaremos con las personas más cercanas a nosotros con las que compartimos los momentos más importantes de nuestras vidas. ¿O no será así?
sábado, 20 de junio de 2009
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